
Perro reactivo en Murcia: por qué ladra y tira de la correa (y qué hacer)
Los paseos se han convertido en algo que no apetece. Cruzarte con otro perro, con una persona en bicicleta o simplemente con alguien que camina
Tu perro ladra, tira de la correa, se bloquea, tiene conflictos con otros perros o determinadas situaciones parecen superarle. Y cuando empiezas a buscar ayuda aparece una duda muy habitual: ¿necesito un etólogo, un educador canino o un adiestrador?
No siempre es fácil entender las diferencias entre estos profesionales. Además, muchas veces utilizamos los términos de forma indistinta, lo que puede generar todavía más confusión.
En este artículo quiero explicarte qué hace cada profesional, cuándo puede ser recomendable acudir a uno u otro y, sobre todo, cuál es mi papel como educadora canina especializada en comportamiento y acompañamiento a familias en Murcia.

Los paseos se han convertido en algo que no apetece. Cruzarte con otro perro, con una persona en bicicleta o simplemente con alguien que camina
La etología es la disciplina que estudia el comportamiento de los animales. Cuando hablamos de comportamiento canino, es importante diferenciar también entre la etología como campo de estudio y la intervención profesional en problemas de comportamiento.
En algunos casos, especialmente cuando existen conductas muy complejas, persistentes o asociadas a un posible problema clínico, puede ser necesario contar con la valoración de un profesional especializado en comportamiento desde una perspectiva clínica.
Por ejemplo, puede ser recomendable ampliar la valoración cuando sospechamos que detrás de determinados comportamientos puede haber:
En estos casos, la intervención puede requerir un trabajo coordinado entre diferentes profesionales. Porque el comportamiento de un perro no depende únicamente de la educación o del aprendizaje: su estado físico, emocional, su historia de vida, su entorno y sus experiencias también forman parte de la situación.
Es normal que estos términos generen confusión. A veces incluso diferentes profesionales utilizan denominaciones similares para describir trabajos que pueden tener enfoques muy distintos.
Por eso, más que fijarnos únicamente en el nombre, es importante conocer qué formación tiene el profesional, desde qué enfoque trabaja y cuál es el tipo de intervención que realiza.
Tradicionalmente, el adiestramiento canino se ha relacionado principalmente con el aprendizaje y entrenamiento de habilidades o conductas concretas.
Por ejemplo, enseñar determinadas señales, trabajar habilidades específicas o preparar a un perro para una actividad concreta.
Sin embargo, el término “adiestramiento” también se utiliza actualmente para describir servicios y enfoques muy diferentes entre sí. Por eso, si buscas ayuda, conviene no quedarse únicamente con la etiqueta y conocer cómo trabaja cada profesional.
La educación canina abarca mucho más que enseñar a un perro a sentarse, acudir cuando se le llama o caminar de una determinada manera.
Como educadora canina, mi trabajo consiste en acompañar tanto al perro como a su familia para comprender qué está ocurriendo y trabajar sobre los diferentes factores que influyen en su día a día.
Esto puede incluir aspectos como:
Por tanto, una educadora canina también puede trabajar problemas de comportamiento y procesos de modificación de conducta, siempre dentro de sus competencias y derivando o trabajando de forma coordinada con otros profesionales cuando el caso lo requiere.
Cuando hablamos de casos en los que puede existir una alteración clínica, una patología, dolor, un estado emocional muy deteriorado o la necesidad de valorar medicación, es importante contar con profesionales que puedan realizar esa valoración desde el ámbito veterinario y clínico.
En estos casos, el trabajo puede ser multidisciplinar.
Un veterinario puede valorar el estado físico y descartar o tratar posibles causas orgánicas. Un profesional especializado en comportamiento clínico puede valorar si existe una alteración que requiera un abordaje específico o farmacológico. Y desde la educación canina podemos trabajar, entre otros aspectos, el entorno, el aprendizaje, la gestión de situaciones, las necesidades del perro y el acompañamiento a la familia durante el proceso.
No siempre se trata de elegir entre un profesional u otro. En algunos casos, la mejor intervención es precisamente aquella en la que diferentes profesionales trabajan de forma complementaria.
Hay situaciones en las que buscar una valoración más específica puede ser especialmente importante.
Por ejemplo:
En cualquiera de estas situaciones, no significa que la educación canina no tenga nada que aportar. Al contrario.
En muchos casos, la valoración clínica y el trabajo educativo pueden formar parte del mismo proceso. Mientras se atienden los factores físicos o clínicos, también es necesario adaptar el entorno, revisar las necesidades del perro y acompañar a la familia en el día a día.
Muchas dificultades que aparecen en la convivencia no requieren necesariamente una intervención clínica.
Una educadora canina puede ayudarte, por ejemplo, si tu perro:
Mi trabajo no consiste únicamente en intervenir sobre la conducta que vemos.
Cuando un perro ladra, gruñe, tira, evita, se bloquea o reacciona, intento comprender qué función tiene esa conducta y qué factores pueden estar influyendo en ella.
Porque una misma conducta puede tener causas muy diferentes según el individuo.
Por eso, antes de plantear un trabajo, es necesario conocer al perro, su historia, su contexto, sus necesidades, su estado físico y emocional y las situaciones concretas en las que aparecen las dificultades.
El nombre del profesional no es lo único importante.
Dos personas que utilizan la misma denominación pueden trabajar desde enfoques completamente diferentes.
Por eso, antes de comenzar un proceso, te recomiendo preguntar cómo se va a abordar el caso.
En mi caso, trabajo desde una visión respetuosa e integral del perro, sin utilizar herramientas o métodos basados en el dolor, el miedo o las correcciones físicas.
No busco simplemente que una conducta desaparezca.
Busco comprender qué está ocurriendo, qué factores están manteniendo esa situación y qué cambios podemos realizar para mejorar el bienestar del perro y la convivencia con su familia.
Esto implica revisar diferentes aspectos: el entorno, las experiencias, el aprendizaje, la comunicación, las necesidades individuales, la salud y cualquier otro factor que pueda estar influyendo.
Y también saber reconocer cuándo un caso necesita la participación de otro profesional.
Porque trabajar de forma respetuosa también significa no intentar abarcar aquello que corresponde a otro ámbito profesional.
Soy Ana Pérez, educadora canina y fundadora de El Perro Mestizo.
Y quiero dejar algo claro: no soy etóloga ni veterinaria.
Mi profesión es la educación canina y mi trabajo se centra en acompañar a perros y familias en procesos relacionados con la convivencia, la prevención y la modificación de conducta.
Mi formación previa en Trabajo Social y Psicología de la Educación también forma parte de la manera en la que entiendo mi trabajo: no observo únicamente al perro de forma aislada, sino también el contexto en el que vive, las relaciones que establece y las personas que forman parte de su día a día.
Trabajo desde una perspectiva individualizada, porque no creo que existan soluciones universales que sirvan para todos los perros.
Cada proceso parte de conocer al individuo y entender qué está ocurriendo antes de decidir cómo intervenir.
En casos en los que sospechamos que puede existir dolor, una alteración física, una problemática clínica o cualquier factor que requiera la intervención de otro profesional, considero fundamental derivar o trabajar de forma coordinada con los especialistas necesarios.
Mi objetivo no es sustituir la labor de un veterinario o de un profesional especializado en comportamiento clínico.
Mi papel es aportar desde la educación canina, acompañando al perro y a su familia durante el proceso y trabajando sobre todos aquellos aspectos que forman parte de mi ámbito profesional.
Si estás teniendo dificultades con tu perro y no sabes exactamente qué profesional necesitas, podemos valorar primero vuestra situación.
No todos los casos requieren el mismo tipo de intervención. Y, en algunas ocasiones, el primer paso puede ser precisamente identificar qué profesionales deberían formar parte del proceso.
Cuéntame qué está ocurriendo y veremos cómo puedo ayudarte y cuál puede ser el mejor camino para vosotros.
¿Hablamos?